martes, 20 de octubre de 2020

Soy consciente de que a veces extraño a mis caídos, pero también siento un escalofrío cuando pasan a mi lado y no nos hablamos sabiendo que compartimos un pasado, susurro sus nombres y los tacho en mi pared. A veces me equivoco y sin querer los veo en otras caras nuevas, los busco casi sin darme cuenta de que ya no están.

OTRA VEZ MENOS UNO

Las palabras empezaban a amontonarse y la boca seguía sin abrirse, había pronunciado un nombre que debió ser borrado, sabía el por qué y quise poder decirlo, pero eso no sucedió. Había hecho con él lo mismo que hice con el otro y había llegado a una confusión. Busqué en la persona equivocada un sustituto o alguien mejor que reemplazase su recuerdo. Pero no había funcionado. Estaba sentado con los ojos muy abiertos,  su mano estaba sobre mi hombro, su sonrisa se había petrificado; en si mostraba cara de sorpresa.
Yo ahora seria, cabizbaja, intenté cambiar de tema como si nada hubiera pasado.

Llegó alguien más, y bajo la parra sobre aquel banco se oían risas, pero las que yo escuchaba no pertenecían al presente, pertenecían a un tiempo pasado, extinto… Nadie pareció percibir lo ocurrido, pues seguían hablando, decidí levantarme y caminar en círculos imitando así lo que sucedía en mi mente, hasta que me apoyé en aquel poste lleno de garabatos que una vez fueron promesas. Solo podía desear que él no estuviera rumiando como yo aquello que a primera vista había sido insignificante para el que no estuviese al corriente o tan si quiera le importase, pero se levantó nervioso y quiso coger el próximo autobús aún sabiendo que no iba a ser el último en pasar y podría haber estado un par de horas más, pero se fue. Me dio un beso en la mejilla y corrió a la parada, el bus se veía desde lejos y en ese momento, justo en ese momento aparté la mirada sabiendo que no nos volveríamos a ver.