SOPA CHINA DE POLLO CON MAÍZ
Un litro de caldo de pollo, 140 gr de maíz dulce, cucharada
y media de maicena, media cucharada de jengibre molido, pimienta… que más, que
más. No espera… 200gr de pechuga de pollo, un diente de ajo… tienes que pensar
rápido, puede que… ¡Los niños!… una clara de huevo, una cucharada de soja, sal…
basta, basta ya, no sé que puede significar nada de lo que está pasando, Pedro
me ha dejado hoy en la estación pero su rostro no reflejaba la bondad de siempre, si decide retirarse del… Llenamos
medio vaso con caldo de pollo frío y añadimos la maicena… Sé que está estresado
por el trabajo, y su trabajo es peligroso, pero no está solo en el mundo, esto
nos afecta a todos… Seguidamente mezclamos bien hasta que se disuelva por
completo… Puede que todos estemos en peligro, al fin y al cabo la gente con
dinero siempre… En un cazo verteremos el resto de caldo y añadimos el diente de ajo pelado y entero,
el jengibre molido y la pechuga de pollo.
Ya me había dicho mi madre que no debía depender de nadie, y
menos aún de un Europeo… Ponemos a calentar a fuego medio bajo durante 15
minutos aproximadamente, solo hasta que veamos que el pollo está ya cocido…
Aquí en Wuhan hay que andarse siempre con ojo. Hay que cuidarse de esos
extranjeros que intentan frenar la expansión china… Sacamos la pechuga de
pollo… el pollo, un alimento común en cualquier país, no somos tan distintos
después de todos… la desmenuzamos con la ayuda de un tenedor o con los dedos y
la volveremos a incorporar a la sopa… Pero Pedro no es de esos, él siempre está
velando por nosotros aunque nada nos relacione más allá del trabajo.
Agregamos el maíz dulce, el cual habremos escurrido con
anterioridad, la salsa de soja y vertemos la mezcla de maicena que hemos
preparado, removemos un poco y cocinamos a fuego suave durante 4 o 5 minutos
más… No tengo ese tiempo, deberían llegar a cualquier momento, los niños están
acostados y con una mochila debajo de la cama por si la cosa se tuerce… Salpimentamos
al gusto, teniendo en cuenta que el caldo y la salsa de soja pueden tener ya
sal… Las cenas de negocio son lo que me dan de comer, Pedro lo sabe muy bien y
parece que no le importa que tenga más clientes a parte de él, nunca ha dicho
que fuese a sacarme de allí, pero deja muy buenas propinas e información
demasiado comprometida, por eso creo que es importante que no le pase nada…y
cocemos un par de minutos más o hasta que la sopa comience a espesar… Porque
después vendrán a por mí.
Añadimos la clara de huevo y removemos para que se vayan
formando una especie de hilos con el huevo… Solo espero que no se me caiga la
bandeja, no querría llamar la atención más de lo debido… Cuando el huevo haya
cuajado, retiramos la sopa del fuego y podemos servir a la mesa… Ya he terminado
el menú de esta noche, sigo temblando.
Grande no es mi sorpresa cuando veo allí entre los asiáticos
las marcadas facciones de Pedro, un hombre con el rostro alargado, barba
recortada (quizás sea lo que menos me gusta de él porque pincha), ojos claros y
manos firmes.
Los trajeados no me miran nunca al principio de la reunión, al menos hasta que
saco el vino y empiezan a beber.
Cuando la conversación ya se aminora y comienzan las risas
el primero de los hombres cae al suelo, luego otro y después otro. No están borrachos,
no se mueven, se mantienen en el suelo, se desploman uno por uno hasta que cae
el último, Pedro se levanta y se va no sin que antes le preste mis servicios.
Deposita una cuantiosa suma en la mesa, sale por la puerta saludando con la
mano: “Nos vemos el Martes, siempre es un placer hacer negocios contigo, Hong
Qin”.
Me retiro, limpio el espectáculo y me deshago de todos los
restos.
Este es mi trabajo, los de la Triada no somos gente que se ande con rodeos,
pero tenemos orígenes humildes. Aliarse siempre es bueno, temí por la vida de
Pedro, o salda sus deudas con el jefe o tendré que encargarme personalmente.
Una nueva identidad, una nueva ciudad… Empezaba a gustarme Wuhan.