domingo, 9 de julio de 2023


SOPA CHINA DE POLLO CON MAÍZ

Un litro de caldo de pollo, 140 gr de maíz dulce, cucharada y media de maicena, media cucharada de jengibre molido, pimienta… que más, que más. No espera… 200gr de pechuga de pollo, un diente de ajo… tienes que pensar rápido, puede que… ¡Los niños!… una clara de huevo, una cucharada de soja, sal… basta, basta ya, no sé que puede significar nada de lo que está pasando, Pedro me ha dejado hoy en la estación pero su rostro no reflejaba la bondad  de siempre, si decide retirarse del… Llenamos medio vaso con caldo de pollo frío y añadimos la maicena… Sé que está estresado por el trabajo, y su trabajo es peligroso, pero no está solo en el mundo, esto nos afecta a todos… Seguidamente mezclamos bien hasta que se disuelva por completo… Puede que todos estemos en peligro, al fin y al cabo la gente con dinero siempre… En un cazo verteremos el resto de caldo  y añadimos el diente de ajo pelado y entero, el jengibre molido y la pechuga de pollo.

Ya me había dicho mi madre que no debía depender de nadie, y menos aún de un Europeo… Ponemos a calentar a fuego medio bajo durante 15 minutos aproximadamente, solo hasta que veamos que el pollo está ya cocido… Aquí en Wuhan hay que andarse siempre con ojo. Hay que cuidarse de esos extranjeros que intentan frenar la expansión china… Sacamos la pechuga de pollo… el pollo, un alimento común en cualquier país, no somos tan distintos después de todos… la desmenuzamos con la ayuda de un tenedor o con los dedos y la volveremos a incorporar a la sopa… Pero Pedro no es de esos, él siempre está velando por nosotros aunque nada nos relacione más allá del trabajo.

Agregamos el maíz dulce, el cual habremos escurrido con anterioridad, la salsa de soja y vertemos la mezcla de maicena que hemos preparado, removemos un poco y cocinamos a fuego suave durante 4 o 5 minutos más… No tengo ese tiempo, deberían llegar a cualquier momento, los niños están acostados y con una mochila debajo de la cama por si la cosa se tuerce… Salpimentamos al gusto, teniendo en cuenta que el caldo y la salsa de soja pueden tener ya sal… Las cenas de negocio son lo que me dan de comer, Pedro lo sabe muy bien y parece que no le importa que tenga más clientes a parte de él, nunca ha dicho que fuese a sacarme de allí, pero deja muy buenas propinas e información demasiado comprometida, por eso creo que es importante que no le pase nada…y cocemos un par de minutos más o hasta que la sopa comience a espesar… Porque después vendrán a por mí.

Añadimos la clara de huevo y removemos para que se vayan formando una especie de hilos con el huevo… Solo espero que no se me caiga la bandeja, no querría llamar la atención más de lo debido… Cuando el huevo haya cuajado, retiramos la sopa del fuego y podemos servir a la mesa… Ya he terminado el menú de esta noche, sigo temblando.

Grande no es mi sorpresa cuando veo allí entre los asiáticos las marcadas facciones de Pedro, un hombre con el rostro alargado, barba recortada (quizás sea lo que menos me gusta de él porque pincha), ojos claros y manos firmes.
Los trajeados no me miran nunca al principio de la reunión, al menos hasta que saco el vino y empiezan a beber.

Cuando la conversación ya se aminora y comienzan las risas el primero de los hombres cae al suelo, luego otro y después otro. No están borrachos, no se mueven, se mantienen en el suelo, se desploman uno por uno hasta que cae el último, Pedro se levanta y se va no sin que antes le preste mis servicios. Deposita una cuantiosa suma en la mesa, sale por la puerta saludando con la mano: “Nos vemos el Martes, siempre es un placer hacer negocios contigo, Hong Qin”.

Me retiro, limpio el espectáculo y me deshago de todos los restos.
Este es mi trabajo, los de la Triada no somos gente que se ande con rodeos, pero tenemos orígenes humildes. Aliarse siempre es bueno, temí por la vida de Pedro, o salda sus deudas con el jefe o tendré que encargarme personalmente. Una nueva identidad, una nueva ciudad… Empezaba a gustarme Wuhan.



martes, 24 de enero de 2023

Este texto está inspirado en un ejercicio de clase que hice durante un curso de dirección. Fue una semana intensa y dura para mí por diversos motivos.
El relato me parece adecuado para trasladarlo al lenguaje audiovisual, así que espero poder llevarlo a cabo pronto como proyecto personal.

Deseadme suerte...

Hacía tiempo que no encontraba las fuerzas para levantarme a regar aquellos geranios que me convenciste para plantar en el balcón.
Miraba como les caía el agua de la regadera mientras daba caladas a un cigarro.
El humo se alargaba y se perdía con la brisa de aquel día nublado.
Nunca tuve especial afecto por las flores, pero allí estaba quitando sus hojas mustias para que se vieran igual de bonitas que cuando las trajiste.

Me asomé con poco más que una bata de encaje para cubrirme, miré donde pensé que podría encontrarte sabiendo que no lo haría, estabas demasiado lejos ahora.

Me giré para volver a entrar en la habitación, me miré al espejo y retoqué mi pelo con brusquedad, con enfado y cierta frustración. Me quité las pinzas que conformaban mi pequeño recogido casero y dos rizos cayeron sobre mi rostro, sentí que me acariciabas, recordé cómo me mirabas, me sentí profundamente sola.

Recostada en la cama aún con el cigarro en la mano, abrí el cajón en busca de un mechero, pues se había apagado. Pero topé con tu foto, una pequeña imagen que quise enmarcar cuando nos conocimos, un escalofrío recorrió mi cuerpo en aquel momento, y fue entonces cuando me di cuenta…
Te echaba de menos.

Pasé mis dedos por el cristal rozando tus labios como una vez hiciste con los míos, y allí estabas tú, mirándome con una media sonrisa desde la mesita de noche.
Estaba dubitativa, y me volví a tumbar mirando al techo, desabroché la bata sin darme cuenta y empecé a abrirla, pasé mi mano desde el lacito de las braguitas hasta el escote y mi piel se erizó… Solté un suspiro mientras mis ojos buscaban los tuyos y no pude más que sonreírte. Me estaba tocando por debajo del encaje blanco, mis dedos me recorrieron como los tuyos habían hecho y me gustó, me gustó el tacto de mi pubis y notar como se endurecían mis pezones al recordarte en ellos, se hinchaba mi pecho y mi corazón se desbocaba al mojar mis dedos…

No pude seguir, las lágrimas no paraban de brotar y por un segundo sentí que me abrazabas, te desvanecías y no podía hacer nada. Me levanté y lancé tu foto al otro lado de la habitación con resentimiento.
El agua caía sobre mí como lo hacía sobre los geranios del balcón, y amansado mi dolor por el vapor, recogí la foto del suelo, ahora con el cristal roto y la besé.