martes, 24 de enero de 2023

Este texto está inspirado en un ejercicio de clase que hice durante un curso de dirección. Fue una semana intensa y dura para mí por diversos motivos.
El relato me parece adecuado para trasladarlo al lenguaje audiovisual, así que espero poder llevarlo a cabo pronto como proyecto personal.

Deseadme suerte...

Hacía tiempo que no encontraba las fuerzas para levantarme a regar aquellos geranios que me convenciste para plantar en el balcón.
Miraba como les caía el agua de la regadera mientras daba caladas a un cigarro.
El humo se alargaba y se perdía con la brisa de aquel día nublado.
Nunca tuve especial afecto por las flores, pero allí estaba quitando sus hojas mustias para que se vieran igual de bonitas que cuando las trajiste.

Me asomé con poco más que una bata de encaje para cubrirme, miré donde pensé que podría encontrarte sabiendo que no lo haría, estabas demasiado lejos ahora.

Me giré para volver a entrar en la habitación, me miré al espejo y retoqué mi pelo con brusquedad, con enfado y cierta frustración. Me quité las pinzas que conformaban mi pequeño recogido casero y dos rizos cayeron sobre mi rostro, sentí que me acariciabas, recordé cómo me mirabas, me sentí profundamente sola.

Recostada en la cama aún con el cigarro en la mano, abrí el cajón en busca de un mechero, pues se había apagado. Pero topé con tu foto, una pequeña imagen que quise enmarcar cuando nos conocimos, un escalofrío recorrió mi cuerpo en aquel momento, y fue entonces cuando me di cuenta…
Te echaba de menos.

Pasé mis dedos por el cristal rozando tus labios como una vez hiciste con los míos, y allí estabas tú, mirándome con una media sonrisa desde la mesita de noche.
Estaba dubitativa, y me volví a tumbar mirando al techo, desabroché la bata sin darme cuenta y empecé a abrirla, pasé mi mano desde el lacito de las braguitas hasta el escote y mi piel se erizó… Solté un suspiro mientras mis ojos buscaban los tuyos y no pude más que sonreírte. Me estaba tocando por debajo del encaje blanco, mis dedos me recorrieron como los tuyos habían hecho y me gustó, me gustó el tacto de mi pubis y notar como se endurecían mis pezones al recordarte en ellos, se hinchaba mi pecho y mi corazón se desbocaba al mojar mis dedos…

No pude seguir, las lágrimas no paraban de brotar y por un segundo sentí que me abrazabas, te desvanecías y no podía hacer nada. Me levanté y lancé tu foto al otro lado de la habitación con resentimiento.
El agua caía sobre mí como lo hacía sobre los geranios del balcón, y amansado mi dolor por el vapor, recogí la foto del suelo, ahora con el cristal roto y la besé.