Este texto está inspirado en un ejercicio de clase que hice durante un curso de dirección. Fue una semana intensa y dura para mí por diversos motivos.
El relato me parece adecuado para trasladarlo al lenguaje audiovisual, así que espero poder llevarlo a cabo pronto como proyecto personal.
Deseadme suerte...
TÚ
Hacía
tiempo que no encontraba las fuerzas para levantarme a regar aquellos geranios
que me convenciste para plantar en el balcón.
Miraba como les caía el agua de la regadera mientras daba caladas a un cigarro.
El humo se alargaba y se perdía con la brisa de aquel día nublado.
Nunca tuve especial afecto por las flores, pero allí estaba quitando sus hojas
mustias para que se vieran igual de bonitas que cuando las trajiste.
Me asomé con poco más que una bata de encaje para cubrirme, miré donde pensé que podría encontrarte sabiendo que no lo haría, estabas demasiado lejos ahora.
Me giré para volver a entrar en la habitación, me miré al espejo y retoqué mi
pelo con brusquedad, con enfado y cierta frustración. Me quité las pinzas que
conformaban mi pequeño recogido casero y dos rizos cayeron sobre mi rostro, sentí
que me acariciabas, recordé cómo me mirabas, me sentí profundamente sola.
Recostada
en la cama aún con el cigarro en la mano, abrí el cajón en busca de un mechero,
pues se había apagado. Pero topé con tu foto, una pequeña imagen que quise
enmarcar cuando nos conocimos, un escalofrío recorrió mi cuerpo en aquel
momento, y fue entonces cuando me di cuenta…
Te echaba de menos.
Pasé mis dedos por el cristal rozando tus labios como una vez hiciste con los
míos, y allí estabas tú, mirándome con una media sonrisa desde la mesita de
noche.
Estaba dubitativa, y me volví a tumbar mirando al techo, desabroché la bata sin
darme cuenta y empecé a abrirla, pasé mi mano desde el lacito de las braguitas
hasta el escote y mi piel se erizó… Solté un suspiro mientras mis ojos buscaban
los tuyos y no pude más que sonreírte. Me estaba tocando por debajo del encaje
blanco, mis dedos me recorrieron como los tuyos habían hecho y me gustó, me
gustó el tacto de mi pubis y notar como se endurecían mis pezones al recordarte
en ellos, se hinchaba mi pecho y mi corazón se desbocaba al mojar mis dedos…
No pude
seguir, las lágrimas no paraban de brotar y por un segundo sentí que me
abrazabas, te desvanecías y no podía hacer nada. Me levanté y lancé tu foto al
otro lado de la habitación con resentimiento.
El agua caía sobre mí como lo hacía sobre los geranios del balcón, y amansado
mi dolor por el vapor, recogí la foto del suelo, ahora con el cristal roto y la
besé.