lunes, 13 de julio de 2020


He de confesar que mis sueños ya no son suficientemente fuertes y he dejado de creerlos. Recurrir a mentiras que uno mismo se ha creado como protección o quizás esa es la realidad, ¿ya quién las distingue?. 
EL POZO SIN FONDO

Posaste tu  mano en la frente a modo de visera y la estiraste mirando como la poca luz de aquel lugar se filtraba entre tus dedos. No hacía falta hablar porque el silencio que desprendía tu alma reverberaba en las paredes a modo de eco en aquel pozo sin fondo que cavaste casi sin darte cuenta. Muchos pasaban haciendo caso omiso de dónde estabas y continuaban su camino como si tal cosa, parecían no percibirte. Intentabas asomarte pero las fuerzas flaqueaban ante los muros de esas frías piedras que resbalaban de humedad, y allí sentado aún preguntándote si volverías a la superficie solo mirabas arriba con el corazón desbocado y unos ojos que poco a poco iban perdiendo su luz. Recorrías con la mirada cada rincón de tu prisión con curiosidad mientras la comisura de tus labios bajaba lentamente hasta perder la sonrisa. Ni te molestaste en saltar, ese afán se había sumido en el olvido como otras tantas cosas, así que diste media vuelta y seguiste bajando a las profundidades de aquel tortuoso lugar, cada vez más profundo. Explorar las galerías no te supuso el aburrimiento y aunque parecías devorar todo a tu paso con cada sentido que podías poseer no notaste que no estabas solo, no pudiste sentir mi presencia u oír el silencio que yo escuchaba en ti. Me pareció oler tu miedo a la sombra por la que creíste ser perseguido sin saber que era una parte de ti, que era algo que siempre tuviste de lo que tampoco te diste cuenta. Cuando había movimiento en la superficie intentabas saltar por si alguien alcanzaba a verte, pero eso nunca ocurría incluso cuando alguien se asomaba tus ojos centelleaban. Otras veces tiraban hilos y cuerdas que siempre se rompían en el último momento, pero te decidías a intentarlo una y otra vez, y cada vez que probabas suerte te veía caer al mismo abismo, al mismo pozo sin fondo. Aún recuerdo el día que de verdad pensaste que te iban a ayudar, un niño bajó con una cuerda muy dura y consiguió convencerte para que le siguieras, fuiste un iluso al pensar que realmente ibas a salir por alguien como él. Te dejó caer cuando rozaste el borde y no miró atrás, creo que fue ahí cuando lo entendiste, desde entonces no volviste a coger una cuerda o agarrar una mano, con cada caída habías perdido una parte de tu ser, un pedazo de tu luz y un recuerdo del pasado, del como fuiste antes de estar aquí. Te observé durante mucho tiempo camuflada entre las rocas y conteniendo la respiración, vi todo lo que aquí narro y otras atrocidades que no puedo revelar. Estabas enfadado en un principio, pero no te levantaste del suelo. Me asomé entonces para sentarme junto a ti, ya no estábamos solos, no hizo falta hablar para entendernos. Recorrimos las galerías y nos acurrucábamos junto al muro, habíamos dejado de tiritar y nos deslizábamos como sombras por los recovecos, se oían risas desde arriba pero eso ya no importaba. El tiempo pasaba y aprendiste a disfrutar de la oscuridad, nunca te perdías, pero te estabas empezando a hacer uno con el pozo, ya casi no brillabas, y desde luego hacía mucho que no mirabas arriba, solo cuando no había ajetreo y un manto de calma cubría el cielo estrellado, ese era tu único recuerdo de lo que fuiste. Un día algo se filtró por aquel espacio, era un rayito de luz que quemaba mi piel y cegaba mis ojos, pero tú lo tocaste y bañaste en aquella luminosidad. Cuando nos acostumbramos pudimos ver nuestras caras, unos ojos hinchados en sangre, grandes ojeras y una piel vieja resquebrajada. Algo que no podré olvidar era tu expresión desfigurada, sentí tu repugnancia y tu odio que se había fijado en mí, viste mi aspecto y mi heridas, la sangre en las paredes y los dibujos macabros que nos rodeaban, mis uñas largas con restos de piel, mi propia piel… Retrocediste lentamente pero sujeté tus manos un poco más jóvenes que las mías y te diste cuenta de lo que el pozo nos había hecho, y no estabas dispuesto a seguir allí. Emprendiste el camino de salida, solo tuviste que seguir la luz, yo quise verla con todas mis fuerzas, pero fui incapaz y corrí en tu dirección, nos fundimos en un abrazo y besé tu frente dejando en ti el último pedazo de mí que conservaba, no sé por qué permití que te lo llevases, me prometí no volver a pasar por personas como tú. Te fuiste decidido y atravesaste las paredes. Grité, ya no me quedaba nada y estaba cansada de esperar mi turno, con cada gemir mi cuerpo se consumía y un fuego interior me hizo escalar a toda velocidad aquellas rocas escarpadas. Parece que conseguí salir y maquillo mi cuerpo, ahora vuelvo a parecer joven y la luz baña mi cuerpo carnal, los que una vez fueron mis compañeros me acompañan por las calles, me abrazan calurosamente  y susurran maravillas al oído de este nuevo ser. Vago por la calle rodeada de personas sonrientes al igual que yo ahora, pero sigo sin encajar del todo por más que lo intento no consigo sonreír a todas horas. Me encuentro con el que una vez fue mi compañero y en un abrazo me habló dulcemente y noté que estaba completo. No miro a nadie a los ojos y cuando duermen mi silencio resuena por la ciudad. Quizás no lo supe aprovechar o nadie me enseñó cómo hacerlo, tal vez el pozo me había cambiado. Una noche me desperté y salí para ver las mismas estrellas que observaba desde el fondo cuando la bruma caía en la ciudad y la oscuridad solitaria traía el sueño y acogía a los viajeros. Fue la primera vez que me sentía acogida desde que salí, al final nadie ha cambiado, solo yo, allí con la mirada perdida no podía seguir negando ser un cascarón. Con los primeros rayos del alba me empecé a desvanecer, debo confesar que nunca vi la luz en aquel pozo, ni aún fuera conseguí ver las luces, los colores y las gentes que aquí describo, han fallado muchas cosas o tal vez era el destino, pero aquí estoy convirtiéndome en polvo, es irónico comprobar que sigo entre muros de piedra escarpada, que nunca vi a nadie y por lo visto nunca salí de allí. Mi cuerpo seguía vagando por las calles de la ciudad mientras mi alma se encerró en un pozo sin fondo, carecía de esperanza o los muros fueron tan gruesos que no la dejaban pasar. Con un alma rota ya consumida mi cuerpo carnal descansa bajo tierra sin compañía, pena o gloria, pero yo seguiré aquí esperando ser rescatada, esperando que el olvido se lleve mis palabras...


2 comentarios:

  1. Rico vocabulario, sugerente prosa, inquietante descripción de los sentimientos. Vivencias y sensaciones reconocibles de una época en la que ya dejamos de ser niños y en la que ya nos asomamos al abismo de la madurez. Todo ello descrito con una gran sensibilidad, ¡enhorabuena!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias por animarte a escribir un comentario tan sentido. Palabras como estas me animan a continuar y me hacen ver que realmente lo que escribo tiene significado para alguien más que para mí. Resulta gratificante y desde luego reconfortante

      Eliminar