Este escrito lo presenté este verano a
un concurso de relatos, ahora que ha finalizado puedo publicarlo y compartirlo.
Me ha hecho enormemente feliz perder la vergüenza y dar rienda suelta a este
impulso, solo así se crean las oportunidades.
Dicho esto, trabajé bajo la siguiente premisa sin superar las 200 palabras: "No
puedo esperar a verte y contarte…"
SOBRINO, DIME
No puedo esperar a
verte y contarte el por qué sigo aquí, a pesar de las muchas veces que me vi
tentada al vulgar mundo bohemio debido al contacto que teníamos con algunos
artistas de medio pelo con los que conversábamos en los jardines del Duque.
Simplemente nos divertían con sus habladurías, sus escritos sobre romances imposibles, teorías filosóficas (pura demagogia), bocetos de nuestros sonrosados rostros ocultos tras los abanicos o incluso de nuestros escotes.
He de confesar que
me encantaba posar para ellos en las posturas más atrevidas, que lloré ante un
poeta por dedicarme un simple soneto, que cedí a ser acompañada por alguno de
estos jóvenes a la ópera o a torneos de esgrima solo por ganarme su afecto.
Hubo besos robados
de los cuales no me avergüenzo, pero lo que nunca hubo fueron promesas, pues
debía pensar en lo que la sociedad esperaba de mí, debía mantener mi posición y
a pesar de querer huir con alguno de ellos nunca lo hice.
Ahora, mi querido
sobrino, dime, ¿hice bien en permanecer oculta entre las zarzas de este
castillo?, ¿hice bien en casarme con quien nunca amaré?
Sobrino, aún ansío lo que ellos llamaban libertad.

