miércoles, 7 de diciembre de 2022

 Este escrito lo presenté este verano a un concurso de relatos, ahora que ha finalizado puedo publicarlo y compartirlo.
Me ha hecho enormemente feliz perder la vergüenza y dar rienda suelta a este impulso, solo así se crean las oportunidades.

Dicho esto, trabajé bajo la siguiente premisa sin superar las 200 palabras: "No puedo esperar a verte y contarte…"

 

SOBRINO, DIME

No puedo esperar a verte y contarte el por qué sigo aquí, a pesar de las muchas veces que me vi tentada al vulgar mundo bohemio debido al contacto que teníamos con algunos artistas de medio pelo con los que conversábamos en los jardines del Duque.

Simplemente nos divertían con sus habladurías, sus escritos sobre romances imposibles, teorías filosóficas (pura demagogia), bocetos de nuestros sonrosados rostros ocultos tras los abanicos o incluso de nuestros escotes.

He de confesar que me encantaba posar para ellos en las posturas más atrevidas, que lloré ante un poeta por dedicarme un simple soneto, que cedí a ser acompañada por alguno de estos jóvenes a la ópera o a torneos de esgrima solo por ganarme su afecto.

Hubo besos robados de los cuales no me avergüenzo, pero lo que nunca hubo fueron promesas, pues debía pensar en lo que la sociedad esperaba de mí, debía mantener mi posición y a pesar de querer huir con alguno de ellos nunca lo hice.

Ahora, mi querido sobrino, dime, ¿hice bien en permanecer oculta entre las zarzas de este castillo?, ¿hice bien en casarme con quien nunca amaré?

Sobrino, aún ansío lo que ellos llamaban libertad.


jueves, 16 de junio de 2022

…ES COMO EN UN SUEÑO…


Su sonrisa, aquellos labios carnosos que se movían al son de las palabras. La adoraba, para mí el estar cerca suya era casi como un sueño del que nunca sabes cuándo te vas a despertar. Flotaba, volaba cada vez que la veía aparecer con aquella sonrisa pícara y se me acercaba corriendo para darme un beso, yo le agarraba de la cintura sonriendo y le preguntaba cómo estaba.

Para mí ella era especial, la llevaba a sitios donde nunca me había atrevido a entrar solo para impresionarla. Cantaba, cantaba cada vez que nos duchábamos o que ponía el altavoz en el coche, ella cantaba mientras se le revolvía el pelo con el viento, le gustaba bajar la ventanilla y asomarse, le gustaba cogerme la mano mientras cambiaba de marcha y le gustaba darme un beso de forma descarada cuando el semáforo estaba en rojo.

A veces al llegar a su casa me la encontraba bailando sin apenas ropa, decía que quería darme una sorpresa mientras daba vueltas a mi alrededor y me enredaba en sus planes. No tenía palabras para describir lo que sentía por ella, solo sabía que era feliz a su lado, que la quería, que me planteé cosas que jamás pensé con otras. Estaba conmigo tocándome el pelo, deslizando sus dedos por mi cuello contándome historias.

Siempre fue un misterio saber por qué de un segundo a otro su expresión se volvía rígida, seria o forzada si sonreía, esas historias no me las contaba aunque le preguntase, ella intentaba sellar mis labios con besos o se daba la vuelta haciendo aspavientos y llamándome por mi nombre,  no sé qué hacer cuando eso ocurre, no sé cómo le hago sentir, pero ella me susurra al oído que me quiere, que le hago feliz, que me seguiría hasta el fin del mundo si se lo pidiese.
La vi tropezar, llorar, reír, enfadarse y cada día descubría una nueva razón para amarla, ella me decía eso, yo solo lo pensaba.

La echaba de menos cuando la dejaba en casa, la echaba de menos cuando no la veía y pensaba en ella, la echaba de menos cuando estaba conmigo pero sabía que se iba a ir, la echaba de menos cuando amanecía y no estaba a mi lado. Le escribía a todas horas, ella siempre me respondía rápidamente y añadía un corazón, usaba muletillas en inglés que no siempre entendía y siempre ponía tres signos de interrogación, eran sus pequeñas manías.

Nunca la conoceré del todo, siempre me podrá sorprender con algo, por eso no me quiero despertar.