viernes, 4 de diciembre de 2020

SE NOS ACABÓ EL TIEMPO

Sentí un impulso,

como un latir desenfrenado…

Nos miraba en el espejo como si fuésemos otros,

con unos llantos excitados,

vibrando y rezumando al compás de un reloj.

El tiempo se desvanece entre los dedos,

sentí tus manos fuertes en mis caderas

y sin querer te tiro gimiendo del pelo.

Con firmeza sin prisas o esperas,

me contorsiono danzando mirando una estrella.

Cambiamos de sentido y el compás se acelera,

doblas la espalda y caes rendido sobre mi pecho.

Respiras, respiro y sonrío,

me besas, te beso…

Se nos acabó el tiempo.



martes, 20 de octubre de 2020

Soy consciente de que a veces extraño a mis caídos, pero también siento un escalofrío cuando pasan a mi lado y no nos hablamos sabiendo que compartimos un pasado, susurro sus nombres y los tacho en mi pared. A veces me equivoco y sin querer los veo en otras caras nuevas, los busco casi sin darme cuenta de que ya no están.

OTRA VEZ MENOS UNO

Las palabras empezaban a amontonarse y la boca seguía sin abrirse, había pronunciado un nombre que debió ser borrado, sabía el por qué y quise poder decirlo, pero eso no sucedió. Había hecho con él lo mismo que hice con el otro y había llegado a una confusión. Busqué en la persona equivocada un sustituto o alguien mejor que reemplazase su recuerdo. Pero no había funcionado. Estaba sentado con los ojos muy abiertos,  su mano estaba sobre mi hombro, su sonrisa se había petrificado; en si mostraba cara de sorpresa.
Yo ahora seria, cabizbaja, intenté cambiar de tema como si nada hubiera pasado.

Llegó alguien más, y bajo la parra sobre aquel banco se oían risas, pero las que yo escuchaba no pertenecían al presente, pertenecían a un tiempo pasado, extinto… Nadie pareció percibir lo ocurrido, pues seguían hablando, decidí levantarme y caminar en círculos imitando así lo que sucedía en mi mente, hasta que me apoyé en aquel poste lleno de garabatos que una vez fueron promesas. Solo podía desear que él no estuviera rumiando como yo aquello que a primera vista había sido insignificante para el que no estuviese al corriente o tan si quiera le importase, pero se levantó nervioso y quiso coger el próximo autobús aún sabiendo que no iba a ser el último en pasar y podría haber estado un par de horas más, pero se fue. Me dio un beso en la mejilla y corrió a la parada, el bus se veía desde lejos y en ese momento, justo en ese momento aparté la mirada sabiendo que no nos volveríamos a ver.



lunes, 27 de julio de 2020


A veces nos dejamos embaucar por cosas que nos seducen aunque no siempre nos convengan, nos dejamos llevar por un impulso que confundimos con pasión y la idea de alcanzarlo es embelesadora hasta el punto de distorsionar lo que pensamos.

LATIDOS

No sabría decir que es lo que ocurrió con exactitud aquel día, pero tumbado en mi cama en este instante el corazón se ralentiza y mis ojos caen por el peso del cansancio, no me molesto en luchar contra ese impulso. Se respira paz y quietud, las mejillas ruborizadas ahora van perdiendo su color poco a poco, mi mente está en blanco y no tengo objeción. Con los brazos extendidos y las piernas abiertas esperando su abrazo y dejando que las pequeñas corrientes de aire que entran por la ventana me ericen la piel. La sangre ya se ha secado al igual que las lágrimas. Solo hay silencio en mitad de la oscuridad y creo que fue ahí donde bañado en sudor sentí un susurrar que me heló desde dentro y sonreí. Ya no tengo miedo y la veo sentada junto a mí acariciándome la cara con delicadeza con esos finos dedos alargados. Me besa en una puñalada y en mitad del escalofrío me atrae hacia ella con facilidad pasmosa y hablando en mi oído agarrando mis manos me levanto de la cama sintiendo estar flotando la sigo sin saber donde, pero me ha embelesado, lleva mucho seduciéndome y yo tentándola hasta que me tuvo, no pensé que fuese a ser tan dulce al principio pero supongo que a veces hay que arriesgarse. La veía en sueños y en los callejones buscando un acompañante, nunca me pareció especialmente bella pero ahora que la observo de cerca no tengo duda, todos los rumores acerca suya  son de envidiosos que no fueron capaces de tenerla. Aún recuerdo la primera vez que me miró, avergonzado aparté la vista y deseché cualquier pensamiento impuro. La estuve evitando e ignorando, haciendo como si no existiera. Sé que me observaba curiosa pero viajaba mucho y miraba a muchos, quizás eso hizo más fácil mi afán por esquivarla. No pude resistir mucho esta misión y caí en sus encantos, me pareció que solo tenía ojos para mí, no era abrumadora ni insistente y eso es lo que me enamoró y quizás lo que casi sin darme cuenta me atrajo a aquel momento. Sé de sobra que ella es cosa de un día, pero te acompaña a la vez que te cambia. No le hace el feo a nadie ni tampoco distinciones aunque a veces se equivoque, es pura y sincera, no tiene artificios y  podría considerarse natural, respetable y temida por sus dotes. Nos hemos visto varias veces de forma cercana, muy cercana pero siempre se ha ido antes de que pudiésemos hacer nada. No es que la llamase, simplemente aparecía de improviso en cualquier lugar y esperaba. Pero ese día no pudimos aguantar más, recuerdo como preguntaba si estaba seguro y de cómo asentí tímidamente, nos abalanzamos el uno contra el otro sin importar el qué dirán. Ya me habían advertido sobre ella, por eso esta vez nos reuniríamos en secreto, nadie sabría que nos visitábamos… Fue mi primera vez por decirlo de alguna forma, otras veces intenté estar con ella y de verdad intenté dejarme llevar, pero no fui capaz de terminar, a muchos les pasa y al final un día así de improviso les llega su momento, aun así, estaba seguro de que este era el mío y no iba a seguir esperando mi turno.


Fue una experiencia irrepetible, muy pasional pero a la vez tierna y delicada que me hizo gemir, no miento diciendo que fue algo un tanto doloroso, pero por fin estábamos juntos. Se me saltaron las lágrimas por la emoción y todos los pensamientos que me asaltaban en ese instante, ella estaba sobre mí aunque lo sintiese al revés, era mayor y sabía de lo que iba la cosa, era más consciente y sabía la forma correcta, pero estaba callada dejándose hacer.
No cerré los ojos, quería ser consciente de todo, verla y sentirla. Qué satisfacción al terminar y estar al fin juntos. Me dejaste sin fuerzas y  llevaste mi alma a un lugar secreto para el ojo mortal, no era lo que imaginaba y dudé al entrar, pero si ella me había llevado a este sitio sería por algo, quise cruzar agarrado a su mano, pero algo me impedía avanzar, era un ronroneo que tiraba de mí. Fue creciendo y se transformaron en voces, en un nombre, en mi nombre. Ella se dio la vuelta, ladeó la cabeza y me soltó, se fue así sin más. Con lágrimas en los ojos la llamé sin hallar respuesta, sin conseguir que se girase, sin alcanzar su mano noté como me iba calentando poco a poco por dentro y fui arrastrado, abrí los ojos sobresaltado entre sábanas blancas escuchando el pitido de mi corazón en una máquina y viendo a mis padres junto a mí agarrando mis manos entre lágrimas con el rostro sombrío. Me habían vendado y estaba repeinado, el pijama no me terminó de gustar pero allí estaba, no quise hablar con nadie aunque insistieron, pero mi mente estaba con ella, viéndola marchar otra vez. Supongo que tendré que esperar a que llegue mi momento como muchos otros, con la mirada perdida,  riéndome a ratos y hablando por los codos, pero creo que podré esperar, porque por ella haré lo que sea. Nuestro momento ya llegará, al fin y al cabo, ¿Qué son 80 años en la eternidad?




lunes, 13 de julio de 2020


He de confesar que mis sueños ya no son suficientemente fuertes y he dejado de creerlos. Recurrir a mentiras que uno mismo se ha creado como protección o quizás esa es la realidad, ¿ya quién las distingue?. 
EL POZO SIN FONDO

Posaste tu  mano en la frente a modo de visera y la estiraste mirando como la poca luz de aquel lugar se filtraba entre tus dedos. No hacía falta hablar porque el silencio que desprendía tu alma reverberaba en las paredes a modo de eco en aquel pozo sin fondo que cavaste casi sin darte cuenta. Muchos pasaban haciendo caso omiso de dónde estabas y continuaban su camino como si tal cosa, parecían no percibirte. Intentabas asomarte pero las fuerzas flaqueaban ante los muros de esas frías piedras que resbalaban de humedad, y allí sentado aún preguntándote si volverías a la superficie solo mirabas arriba con el corazón desbocado y unos ojos que poco a poco iban perdiendo su luz. Recorrías con la mirada cada rincón de tu prisión con curiosidad mientras la comisura de tus labios bajaba lentamente hasta perder la sonrisa. Ni te molestaste en saltar, ese afán se había sumido en el olvido como otras tantas cosas, así que diste media vuelta y seguiste bajando a las profundidades de aquel tortuoso lugar, cada vez más profundo. Explorar las galerías no te supuso el aburrimiento y aunque parecías devorar todo a tu paso con cada sentido que podías poseer no notaste que no estabas solo, no pudiste sentir mi presencia u oír el silencio que yo escuchaba en ti. Me pareció oler tu miedo a la sombra por la que creíste ser perseguido sin saber que era una parte de ti, que era algo que siempre tuviste de lo que tampoco te diste cuenta. Cuando había movimiento en la superficie intentabas saltar por si alguien alcanzaba a verte, pero eso nunca ocurría incluso cuando alguien se asomaba tus ojos centelleaban. Otras veces tiraban hilos y cuerdas que siempre se rompían en el último momento, pero te decidías a intentarlo una y otra vez, y cada vez que probabas suerte te veía caer al mismo abismo, al mismo pozo sin fondo. Aún recuerdo el día que de verdad pensaste que te iban a ayudar, un niño bajó con una cuerda muy dura y consiguió convencerte para que le siguieras, fuiste un iluso al pensar que realmente ibas a salir por alguien como él. Te dejó caer cuando rozaste el borde y no miró atrás, creo que fue ahí cuando lo entendiste, desde entonces no volviste a coger una cuerda o agarrar una mano, con cada caída habías perdido una parte de tu ser, un pedazo de tu luz y un recuerdo del pasado, del como fuiste antes de estar aquí. Te observé durante mucho tiempo camuflada entre las rocas y conteniendo la respiración, vi todo lo que aquí narro y otras atrocidades que no puedo revelar. Estabas enfadado en un principio, pero no te levantaste del suelo. Me asomé entonces para sentarme junto a ti, ya no estábamos solos, no hizo falta hablar para entendernos. Recorrimos las galerías y nos acurrucábamos junto al muro, habíamos dejado de tiritar y nos deslizábamos como sombras por los recovecos, se oían risas desde arriba pero eso ya no importaba. El tiempo pasaba y aprendiste a disfrutar de la oscuridad, nunca te perdías, pero te estabas empezando a hacer uno con el pozo, ya casi no brillabas, y desde luego hacía mucho que no mirabas arriba, solo cuando no había ajetreo y un manto de calma cubría el cielo estrellado, ese era tu único recuerdo de lo que fuiste. Un día algo se filtró por aquel espacio, era un rayito de luz que quemaba mi piel y cegaba mis ojos, pero tú lo tocaste y bañaste en aquella luminosidad. Cuando nos acostumbramos pudimos ver nuestras caras, unos ojos hinchados en sangre, grandes ojeras y una piel vieja resquebrajada. Algo que no podré olvidar era tu expresión desfigurada, sentí tu repugnancia y tu odio que se había fijado en mí, viste mi aspecto y mi heridas, la sangre en las paredes y los dibujos macabros que nos rodeaban, mis uñas largas con restos de piel, mi propia piel… Retrocediste lentamente pero sujeté tus manos un poco más jóvenes que las mías y te diste cuenta de lo que el pozo nos había hecho, y no estabas dispuesto a seguir allí. Emprendiste el camino de salida, solo tuviste que seguir la luz, yo quise verla con todas mis fuerzas, pero fui incapaz y corrí en tu dirección, nos fundimos en un abrazo y besé tu frente dejando en ti el último pedazo de mí que conservaba, no sé por qué permití que te lo llevases, me prometí no volver a pasar por personas como tú. Te fuiste decidido y atravesaste las paredes. Grité, ya no me quedaba nada y estaba cansada de esperar mi turno, con cada gemir mi cuerpo se consumía y un fuego interior me hizo escalar a toda velocidad aquellas rocas escarpadas. Parece que conseguí salir y maquillo mi cuerpo, ahora vuelvo a parecer joven y la luz baña mi cuerpo carnal, los que una vez fueron mis compañeros me acompañan por las calles, me abrazan calurosamente  y susurran maravillas al oído de este nuevo ser. Vago por la calle rodeada de personas sonrientes al igual que yo ahora, pero sigo sin encajar del todo por más que lo intento no consigo sonreír a todas horas. Me encuentro con el que una vez fue mi compañero y en un abrazo me habló dulcemente y noté que estaba completo. No miro a nadie a los ojos y cuando duermen mi silencio resuena por la ciudad. Quizás no lo supe aprovechar o nadie me enseñó cómo hacerlo, tal vez el pozo me había cambiado. Una noche me desperté y salí para ver las mismas estrellas que observaba desde el fondo cuando la bruma caía en la ciudad y la oscuridad solitaria traía el sueño y acogía a los viajeros. Fue la primera vez que me sentía acogida desde que salí, al final nadie ha cambiado, solo yo, allí con la mirada perdida no podía seguir negando ser un cascarón. Con los primeros rayos del alba me empecé a desvanecer, debo confesar que nunca vi la luz en aquel pozo, ni aún fuera conseguí ver las luces, los colores y las gentes que aquí describo, han fallado muchas cosas o tal vez era el destino, pero aquí estoy convirtiéndome en polvo, es irónico comprobar que sigo entre muros de piedra escarpada, que nunca vi a nadie y por lo visto nunca salí de allí. Mi cuerpo seguía vagando por las calles de la ciudad mientras mi alma se encerró en un pozo sin fondo, carecía de esperanza o los muros fueron tan gruesos que no la dejaban pasar. Con un alma rota ya consumida mi cuerpo carnal descansa bajo tierra sin compañía, pena o gloria, pero yo seguiré aquí esperando ser rescatada, esperando que el olvido se lleve mis palabras...


jueves, 25 de junio de 2020


Después de tantas penurias voy a ser cursi, supongo que el amor cambia a las personas y la poesía a los escritores.
UNA PARTIDA

Una punzada en el pecho me asola,
serán las espinas de una rosa,
será el huracán de una mirada
o quizás el temor de un adiós.
Una despedida o un mar de palabras que acaban con tu partida,
múltiples gemidos y palabras perdidas…
recuerdos tuyos y míos entre telas
rosas, blancos, azules y violetas.
No me dejes como vil compañera,
pues pediré a las estrellas que sigan tus pasos.
Besos y miradas que mataron el tiempo,
siempre me dijiste que no me guiase el deseo…
descarado y traidor pues llevaste contigo mi corazón.
Cabellos de albero y ojos de riachuelo,
fluye tu semen en mis adentros,
están tus besos amoratando mis labios
y tu mano estrujando mi cuello.
Tus gritos y esfuerzos en sonrisa perfilada,
bailarina por lengua en mis montañas.
Relajada dancé mis dedos por tu cuerpo,
erizada piel blanca de ser del cielo,
dulce aroma a lirios y azucenas en las noches de primavera,
gritabas mi nombre en la lumbre de las velas.
Parte ya en camino pero lleva mi recuerdo siempre contigo.
No vuelvas a buscarme ya que yo también me habré ido.


jueves, 4 de junio de 2020


Esto es algo que escribí hace unos años, un recuerdo de lo que fui y de lo que en parte soy. Un tiempo que pasó pero vuelve para atormentarme cuando lo creo olvidar. En fin, un pensamiento más.

OSCURIDAD EN LA MENTE

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa, contemplo esto y me pregunto si el mundo que observo es al que pertenezco, porque creo que no lo entiendo, no se como actuar en él ni relacionarme. A lo largo de mi vida he observado el sufrimiento ajeno y me ha dado lástima el no poder ayudar, apenas me controlo, como controlaré a los demás. El pensar me pone triste porque me ayuda a recapacitar en mis actos y darme cuente de la maldad que poseo, es algo repelente hasta para uno mismo, sabes que estás solo sin terminar de aceptarlo, sabes que el amor no existe pero quieres creer en ello quieres creer que todo está bien cuando no lo estás, piensas que estás feliz cuando la codicia te mata, crees que eres un cobarde a pesar de ser valiente, crees que eres valiente a pesar de tus miedos, crees que estás triste cuando en realidad los celos y envidia te engullen camuflados de admiración, crees tener miedo hasta que lo superas, crees en la maldad aunque también eres bueno, crees en la bondad cuando esta está manchada…Estos pensamientos me decepcionan. Porque se supone que ocurren cosas positivas o palabras decoradas de ¨alegría¨, eso nos da la razón para no perder la cabeza en estos días oscuros. Hace unos años fui al psicólogo para que dejase de pensar, pero nadie me salvará de esta asquerosa mentalidad. Solo quiero llorar aún sabiendo que no merece la pena, todo siempre será igual porque a eso está condenada nuestra especie o por lo menos mi mundo interior, a no tener sentimientos. Para expresar lo anterior tengo una conclusión: “Soy un monstruo egoísta que hace infeliz a las personas”.



martes, 5 de mayo de 2020


Una historia que se repite allí dónde voy, sin un por qué definido y sonrisas borrosas que no consigo recordar. Lamentos que van y vienen con el viento arrasando a su paso lo construido en la brevedad de margen  que me da el tiempo. Sin dar lecciones ni aprender nada me levanto y busco un nuevo destino donde esperar la tempestad.


UN BAÑO DE SUEÑOS CAÍDOS


Quizás fueron los vapores de la ducha o que mi periodo estaba cerca, pero con cada gota de agua estaba cada vez más segura de que la historia se iba a repetir, me parecía demasiada casualidad que me hubiese llamado en aquel momento, que aquellas niñas fuesen a ser diferentes. Me enjabono el pelo y con olor a vainilla recuerdo la ilusión que me hicieron aquellas palabras: “Me gustaría que fuésemos amigas, ¿quedamos unas cuantas y hacemos tarde de chicas?”. Froto mi cabeza mientras una sonrisa cansada se dibuja en mi cara. No había aprendido nada después de todas esas veces en las que fui un plan Z, la opción por conveniencia o a la que engañaban con la hipocresía, a la que arañaron y tiraron del pelo, de la que se escondían cuando paseaba por la calle y a la que nadie defendió de verdad. Paso el jabón por los brazos y veo el por qué de esa pregunta, los motivos ocultos independientes que aquella chica escondía, podría haber sido diferente pero cuanto más lo pensaba más lejos lo veía. Abro los ojos llenos de jabón y las lágrimas no se distinguen en la ducha, los ojos rojos, a mí me bastaba con imaginarme el cómo podría haber sido, he aprendido a vivir de mi imaginación, a engañarme con ella con cosas que jamás pasaron y sobre todo aprendí a olvidar. Me desenjabono el cuerpo mientras intento reír, una carcajada sorda que me hace doblar el cuerpo. Me pongo de rodillas y mientras me exfolio la cara me imagino bailando en un bar con las que podían haber sido mis amigas, mientras me paso la mano por la cara y cojo aire decido no confiar, no contar, cuanto menos sepan mejor. Me levanto y todas las caras del pasado y el presente pasan por mis ojos como si de un carrusel se tratase. Salgo de la ducha y cojo la toalla, me envuelvo en ella mientras me imagino un abrazo grupal, manos y brazos mientras saltamos y reímos. Sacudo mi pelo y veo todo un futuro inalcanzable con ellas. Miro mi cara en el espejo aún con restos de maquillaje, un maquillaje que debería haber llevado aquella noche. Me paso la toalla por los ojos, me pongo la toalla a modo de turbante en el pelo y sonrío a mi reflejo, eso es lo que me queda, sonreír y hacer como que no se nada, sin hablar ni tomar represalias contra algo por lo que debí luchar en su momento, no desvelar lo que ya sé pues es confidencial, es mi única baza. Juego con ventaja porque nadie me conoce ni lo harán. Me pongo recta y pienso que al final todo es una estupidez, no van a cambiar las cosas y la historia se repite allá donde voy, grupos rotos y nuevos enemigos que son testigos de que he pasado por allí, pero ya nada puede afectarme. He dejado a un lado esos sentimientos que  no van a salir como antes. Al final la vida es eso, un ir y venir de personas sin control, cada una es una nueva ilusión y una pérdida más. Esto es algo que jamás deberé contar pues la culpa la tengo yo, una forma de pensar retorcida y paranoide que delira lo que ve y lo lleva a límites, consciente o inconsciente, pienso en esto mientras me pongo el pijama, de una forma u otra gafo o más bien condeno toda relación. Mientras avanzo por el pasillo lentamente miro al techo blanco y quiero que mi mente esté igual. Me meto en la cama y antes de cerrar los ojos tengo la corazonada de que esto con ellos puede cambiar. Doy vueltas en la cama diciéndome que es lo que siempre pienso, pero podría ser verdad por una vez y no puedo desaprovecharlo, iré con cautela mientras caigo en sueño desconocido y pierdo el sentido cuando la última lágrima resbala por mi mejilla.






jueves, 9 de abril de 2020

¿Y si me dedicasen un poema? No puedo pedir que lo hagan, solo puedo permitirme el imaginar, no puedo soñar con algo tan efímero que se que no llegará, no me gusta presuponer, no me voy a dejar llevar y no voy a empapar mi almohada por un sueño que duele en mi pecho. Porque si él lo supiese, lo escribiría, y eso es lo que verdaderamente me aterra.

MEMORIAS DE UNA NOCHE

Fríos labios que el dulce pecado carnal me dieron,
aquellos que una vez me susurraron un te quiero,
que le dieron una noche el placer a mi cuerpo.
Ahora tersos, despintados, quizás ya no apasionados.
Recuerdo con pavor el cómo me mirabas,
pobre de mí, rendido ante tus ojos escarlata
deseoso de aquellos tabúes que la sociedad obviaba.
Tus cabellos concienzudamente peinados que de un tirón desamarramos,
brisa de lavanda cuando me hundía en ellos.
Con tu torso descubierto mientras yacías en mi lecho,
serena y desnudada bailando entre las sábanas:
tus senos en mi pecho,
mis labios en tu cuello.
Fríos labios que el dulce pecado carnal me dieron,
aquellos que me empujaron a decir te quiero,
una noche sin fronteras es cuanto pidieron.


domingo, 15 de marzo de 2020


Para todas aquellas personas que ha lo largo de la historia y aún hoy son castradas u ocultas por su religión, la política, la sociedad o la familia. Por no poder dar rienda suelta a esas mentes brillantes, a esa imaginación y ansias de crear. No estáis solos...

                                                  PARAGUAS BAJO LA LLUVIA

Jamás pensé en repetir, miro a mi alrededor y me entretengo pensando en otras vidas. Condenados a callar y guardar los secretos del mundo. Algunos nos cosimos los labios y modificamos nuestro cuerpo para no ser reconocidos y así poder pasar desapercibidos, invisibles… de los que se quisieron exponer no quedan muchos, pero los que han prevalecido tienen mucho que contar y están en lo más alto, tuvieron cuidado y usaron bien sus dones. Yo los observo bajo el paraguas negro y el chubasquero azul oscuro, lo veo todo y a todos como si de una película se tratase, mi imaginación se escurre entre la multitud y cautelosamente hila lo recogido tejiendo grandes historias que luego visto y analizo. Seres eternos que caminan entre los que podrían haber sido iguales.

Sin mover un dedo me dejo arrastrar, ellos no se dan cuenta pero algunos sienten mi presencia, antes de que se giren ya he desaparecido. No siempre soy capaz de distinguir a mis hermanos, ni ellos a mí. Ya no nos reconocemos, somos uno más, un personaje que pasa y no marca a lo largo de la historia…Aún no nos hemos rendido, seguimos esperando recuperarnos de una batalla que nadie recuerda. Poco a poco nos extinguiremos, pues ese es el cometido, nosotros teníamos otra función, pero ya no recuerdo el haber firmado. Una vez creo que supe como volar, como teletransportarme… pero ahora ya nada de eso importa. Aún nos crean y algunos consiguen brillar durante más tiempo.

Bajo un paraguas que empezó sin existir, luego fue transparente, después de colores y más tarde poco a poco monocromático cada vez más oscuro. Yo brillaba como mis hermanos, fuimos poco a poco siendo cada vez menos y sin llorarnos huimos a otros cuerpos a lo largo de la historia, eran ideas revolucionarias o tal vez sin sentido, fuimos herejes, brujos, locos inventores, artistas, líderes…. Y no siempre salió bien. 

Una mirada audaz pero cansada por el paso de los tiempos, aún no había perdido su vigor.

martes, 18 de febrero de 2020

UNA CRISIS DE ANSIEDAD
Hacía mucho que no escribía, creo que ello se debe a saber que mi falta de cordura jamás quedará reflejada tal y como la siento en palabras, me resulta especialmente costoso dar nombre a todo lo que encierro e incluso a lo que siento. Por eso mismo creo que mis memorias jamás quedarán recogidas en un papiro, pues ni  el más fiel pergamino sería suficiente. Ahora las palabras brotan solas de la vieja punta de un lápiz, y esa sensación…es una mera intención de reclamar un peldaño entre los sueños de una persona como yo.
No poder articular palabra ante nadie y después escribir irregularmente para guardarlo en un cajón debería ser delito, y si así fuera yo estaría encerrada en con la única compañía de un lápiz de punta redondeada por el desgaste del tiempo y mordisqueado por la tensión de un subidón de adrenalina y la frustración de una mente laberíntica; y unos gruesos muros de hormigón repletos de palabras sobrepuestas que forman dibujos abstractos. Para algunos serán sandeces, meras blasfemias de un criminal, otros directamente no le encontrarán sentido a tal maraña, pero solo el celador como gran observador será un gran desencriptador. Nunca habíamos de hablar, pero lo vería, se sabría el orden  y en las intimidades de los muros me observaría recelosamente  desde su puesto como yo, llorar y reír, hablar sola, saltar o patalear.
Podría o no estar de acuerdo, pero luego cuando cumpliera condena nos chocaríamos y sería incapaz de reconocer aquel rostro denudado ahora concienzudamente maquillado y las clases de etiqueta que borraron todo rastro de realidad.
Nos volveríamos a encontrar, pues sería reincidente y yo le sonreiría por dentro porque no sé por fuera. Pintaría de nuevo con palabras mi nuevo dormitorio y volvería a confiar en que nadie se fijaría en mi sentir y expresar sin la ayuda de un lápiz. Si leyeses los muros, me estarías leyendo a mí.
Cursiladas o seriedades desparramadas igual que en mi mente.
Volvería a estar en libertad y el celador seguiría sin ser capaz de reconocerme fuera de prisión, pues por algo todo lo que escribo se queda en un cajón, por eso sería reincidente.
Una gran actuación que me haría huir o tal vez no de cómo soy. Guardando y guardando…me convertiría en una carpintera para esconder todos esos folios que se iban poco a poco amontonando, idearía muy ingenioso hasta que volviesen a rebosar los cajones, pero siempre conseguiría guardar algo. Por eso reincidía y sonreía pícaramente por dentro al celador  una y otra vez.
Pero un día aquellas hojas enrolladas o quizás encuadernadas serían quemadas a sangre fría, se retorcerían ante unos ojos relucientes y expectantes cargados de mentiras, se incinerarían para acabar siendo polvo y desvanecerse de una vez por todas, quizás llegasen a remotas naciones o tal vez quedasen en el olvido de unos muros de hormigón.
Años más tarde volvería a una celda, pero no sería de frío hormigón, esta sería de espuma acolchada y mucho más caliente y acogedora, me darían un mono blanco de mangas retorcidas que me haría sentir segura y me presentarían a un viejo amigo, un amigo que vio desvanecer su trabajo, pero ahora volvía con un propósito ya incriminado y tal vez olvidado, volvía para ayudarme a sonreír aunque fuese por dentro y a recordar que una vez fui yo… el único que me conoció de verdad, el lápiz.

jueves, 23 de enero de 2020



¿Por qué he llegado a este punto? La vida es una serie de casualidades que nos llevan a distintos lugares, podría ser positivo y maravilloso, pero si sois pesimistas como yo... esto es lo que se me viene a la mente.
"AZAR" es solo una palabra fácil de pronunciar. Pero a mi me ha supuesto la perdición, pues estoy donde estoy por mi propia decisión, nadie decidió escribir mi historia y condenarme....
Por eso para mi es más que una simple palabra que no me atrevo a pronunciar.
He aquí un pequeño pedazo de mi ser que quizás te ayude a entender mi perspectiva....

 ERASE UNA VEZ QUE ACABÓ

Aún hoy mi madre se sigue preguntando si no había otro camino para mí. Aún maldice el vivir en un sexto y el no haberse dado cuenta. Aún no sabe si eso era una prueba más del destino. Aún hoy se pregunta el por qué su alma valía más que la mía.

Las cosas podrían haber sido diferentes si esa mañana me hubiese abrazado como cada día o si el día anterior me hubiese dado un beso en la mejilla como aquellos que les daba a mi hermana, quizás si esa semana no hubiese estado tan irritable o si hubiese tarareado aquella canción de cuna mientras cocinaba. Quizás si cuando aquel día me preguntó si todo iba bien le hubiese respondido sin una sonrisa y un tono melodioso las cosas hubiesen sido diferentes.

Ahora sé que solo era una niña cobarde y muy mentirosa que el viento borró para poner en el camino a alguien más capaz y de mente libre.

Me gustaba pasear por el parque con un grupo de compañeras, no podía oírlas ni entenderlas pero estaban a mi lado y las sentía cercanas, o simplemente eso era lo que pretendía. Quizás si aquel día simplemente no me hubiese entretenido con un gatito abandonado no hubiese atajado por aquel camino del parque y solo si no hubiese estado corriendo y mirando el reloj no me habría tropezado con aquellas niñas que se reían mientras paseaban por un parque, quizás si me hubiese esforzado en lugar de gritarles no me hubiese dado cuenta de lo lejanas que se sentían para mí. Quizás si no me hubiese esforzado en entenderlas y enmendar la situación no hubiese conocido tantos secretos  ni hubiese sido consciente de la verdad.

Me gustó pasear una vez entre una multitud de desconocidos y perderme en sus habladurías, me gustó admirar sus brillantes coletas y sus ropas, todas iguales. Me gustó una vez el no comprender. Qué bonito era vivir en la ilusoria e impecable ignorancia. Qué bonito había sido el imaginarme una vez como un clon.

Parece mentira que una vez mi mayor miedo fuese sacar un 6 en un examen o llegar tarde al instituto o quizás que mi madre me levantase la voz. Parece mentira que mi mejor nota hubiese sido un 7 y que acostumbrase a saltarme alguna hora de clase y que ya no hablase con mi madre y cuando alguien me levantase la voz ya fuese lo normal.

Fue bonito inventarse las sonrisas y aprender a no desentonar, fue bonito volcarse en una causa perdida.

Tal vez si toda la semana no hubiese estado nublado o si la señora del autobús no se hubiese reído cuando tropecé con el escalón. Tal vez si mi ventana hubiese tenido rejas y no hubiese sido tan fácil subirse al rellano, tal vez si no se me hubiese erizado la piel cuando sentí el viento, tal vez si al mirar mi reflejo en el espejo no hubiese visto una mano roja en mi mejilla, tal vez si no me hubiese gustado el sabor de la sangre mi brazo no se habría llenado de cortes.

Si solo hubiese mirado hacia atrás habría comprendido que aquel gato abandonado no estaba solo porque había un chico acariciándolo todas las tardes y si solo me hubiese parado y le hubiese dedicado una sonrisa habría hecho un amigo con el que pasear por el parque, más tarde estaríamos en mi casa merendando y dos años después habría conocido a su primera novia, y apenas un mes más tarde estaría rodeada de gente autentica, un año más tarde aquel chico ya sería un hombre y me habría besado en un bonito coche rojo, tres años más tardes yo sería su dama de honor y una año más tarde habríamos perdido el contacto y tan solo 10 meses después estaría dando a luz en un hospital al hijo de mi jefe, seis años más tarde estaría llorando el atropello del que una vez llamé “hijo” y tan solo 4 años después habría estado paseando por el aquel parque, me hubiese girado en aquel callejón y hubiese visto a un hombre alimentando a un gato abandonado.

Si solo no las hubiese visto en el parque y no hubiese dejado de vivir en la ignorancia hubiese estado admirando a unas perfectas desconocidas, dos años más tarde me habría encaprichado con un chaval con el que no parase de tener sexo hasta que me hubiese puesto los cuernos un año más tarde, habría estudiado psicología con una chica que conocería trabajando en una cafetería y habría descubierto mi bisexualidad con ella, tres años más tardes nos habríamos comprado un piso y 5 meses más tarde nos habríamos arruinado por culpa de su adicción al juego y tan solo 6 meses más tarde me encontraría sola viviendo con mis padres y 8 años más tarde me habría vuelto a independizar y hubiese conocido a alguien como yo saltando en una discoteca.

Pero nunca me giré y a ellas me las encontré, me dejé llevar por las casualidades de la vida y de una forma a otra ese juego de azar conocido como vida me maldijo y una enfermedad se me introdujo en la sangre y empezó a ser bombeada a por todo el cuerpo, al llegar a mi cerebro sentí el escalofrío de una idea.

Una vez sentí que era de piedra y nada me afectaría porque jamás tendría que enfrentarme al miedo, pensé que jamás me tendría que enfrentar a la vida y que jamás iba a ver de cerca a la muerte y desde luego jamás pensé que se sentiría tan bien al final.

Un día oscuro el viento decidió llevarme con él y poner en el camino a alguien más capaz y de mente libre. Un día me vi arrastrada a hacer lo que hice sin dar una sola explicación a nadie, y dejé de imaginarme un futuro. Un día puse las manos en el frío rellano de la ventana y me impulse para ponerme en pie y mirar el cielo que ya empezaba a abrirse y que nunca tomé por buen presagio. Un día salté y dejé que el viento se llevase mis lágrimas con él sin dar explicación.

Aún hoy mi madre se sigue preguntando si no había otro camino para mí. Aún maldice el vivir en un sexto y el no haberse dado cuenta. Aún no sabe si eso era una prueba más del destino. Aún hoy se pregunta el por qué su alma vale más que la mía.

Un día, el día más feliz de mi vida, un día gris pero para mí el más luminoso, el viento decidió llevarme con él.